8 de marzo de 2009

Ideal...

Te veo, estás allí, tan pura, tan sencilla, tan tú. Sostienes un libro en tus manos, sentada en el piso con la espalda apoyada en la pared; tus gafas acarician inteligentemente tu nariz, mientras que la mirada que tras ellos se resguarda se pierde lúgubremente en aquellas páginas, víctima recurrente del discurso, de la prosa, tal vez Kafka, tal vez Faulkner.
Y te veo, tan mía, allí, idealizada, sólo basta verte para comprenderte, para comprenderme. Mi yo femenino, mi representación externa, la mujer ideal.

Siento tu olor, en cada parte de mí, lo siento, como si fuera mío, en realidad es mío, lo siento, te siento, me comprendo.
Subes la mirada, te percatas de mi existencia -aunque siempre lo hiciste-, cierras el libro, te levantas, te acercas. Tu olor cava profundamente dentro de mí, y me doy cuenta que es el olor de tus sentimientos, de tus pensamientos, de tus dudas.
Espero.

Estamos conectados, hechos el uno para el otro, solos ahí, en ese momento en el que no importa nadie más, en el que todo elemento que nos rodea pierde importancia, se esfuma, se va.
Te tomo, te siento, me comprendo, te beso... y despierto.

  24 de Noviembre de 2008

1 comentarios:

Pruna dijo...

Las personas ideales sólo existen en los sueños.

"Nadie es perfecto, pero ¿Quién quiere ser nadie?"

La frase no es mía pero me parece muy simpática.

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